Calaveras literarias a Benito Juárez

Calaveras literarias a Benito Juárez

Para calaveras literarias a Benito Juárez, este ejemplarizante hombre tiene el lugar más sobresaliente en la historia de México, ya que logró a través de los acontecimientos más sangriento y difíciles en la historia mexicana, convertir ese país, en una República y el derecho pleno de llamarse Nación; con su intervención tan decisiva en una época que la mayoría de los historiadores la llaman “la era de Juárez”.

Calaveras literarias a Benito Juárez nos comentan que Benito Pablo Juárez García nació en San Pablo Guelatao, Oaxaca, 21 de marzo de 1806 y falleció de un ataque al corazón en Ciudad de México, 18 de julio de 1872; fue un abogado y político mexicano, perteneciente a la etnia zapoteca, vivía con sus padres en plena serranía cuando quedó huérfano a los tres años de edad, yendo con sus hermanas a vivir con sus abuelos los cuales eran muy pobres.

En calaveras literarias a Benito Juárez, encontramos que los abuelos de Benito Juárez mueren al poco tiempo de haber llegado con ellos, y se van a vivir con su tío Bernardino Juárez. Empezó desempeñándose como cuidador de ovejas de su tío; pero a los 12 años se fugó a la ciudad de Oaxaca.

Benito tuvo la suerte de ser colocado como aprendiz de Antonio Salanueva, quién lo matriculó en el Seminario de Santa Cruz, pero, abandonó el sacerdocio, y estudió la jurisprudencia en el instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, obteniendo el título de abogado.

Benito Juárez logró lo que parecía imposible lograr en un corto tiempo y si se quiere a un bajo costo de vidas en comparación con el total desastre en se hallaba sumergido México para el momento: “México ayer lloró por la sangre y hoy ríe por la suerte de haber parido a Benito Juárez”. 

A continuación te dejamos nuestras calaveras a Benito Juárez:

Benemérito te han de llamar hombre de todas las épocas,

Nuestro país te trajo al mundo y tu luz iluminó la tierra

Gran caballero de mil batallas.

Como  antorcha eterna, que jamás se apaga,

Irradias tu aroma en la patria libre y soberana.

De profeta revolucionario es tu huella sagrada,

Que no se borra ni se mancha, en la escuela o la plaza.

Somos tus leales hijos que invocamos tu esencia,

Herederos de tu legado no podemos conformamos

Con política barata, vendida en oferta.

Cuán orgullo sentimos de conocer tus proezas,

La república te nombra con pecho henchido,

A ti que eres el ejemplo más comprometido.

La muerte no te ha vencido, si eres la historia grande

Que todos nosotros conocimos.

Si volviera tu mano a servir todo sería mejor

No habría tanto pobre en la calle,

y mucho menos pendejos en el congreso metidos.

Cuanta falta hace que nos regales tu justicia

Para que castigues con mano dura

A los que destruyen tu obra.

Pero la esperanza del pueblo no termina,

 Más bien continúa intacta

Al sentir rondar en cada ciudad y cada estado 

Tu espíritu guerrero.

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